
Así funciona la dirección de Ford que se adapta a tu velocidad
Hace ya algún tiempo que los conductores no tienen que pelearse con las duras direcciones que presentaban los modelos anteriores a la década de los noventa. La aparición de la dirección asistida, tanto en competición como en los vehículos que circulan por nuestras calles ha sido sin duda uno de los grandes pasos en cuanto a confort de conducción, especialmente en lo que se refiere a la circulación en vías urbanas, callejear por zonas estrechas o incluso a la hora de afrontar el aparcamiento.
Este elemento, que permitió afrontar la conducción de forma más fácil y con un menos esfuerzo, ha continuado con una evolución continúa y entre las últimas novedades que nos encontramos es la presencia de la dirección adaptativa que Ford ya equipa en algunos de sus modelos, entre los que se encuentran algunos de sus vehículos de mayor tamaño, tal y como son el Ford Edge, Ford Galaxy o Ford S-Max.
El objetivo es precisamente el de haber la labor del conductor más sencilla a la hora de maniobrar en espacios reducidos. Con esta tecnología introducida por el fabricante de Detroit, se facilita la tarea cuando se conduce a bajas velocidades, permitiendo que se necesite girar menos el volante para completar un ángulo de giro determinado. El sistema está ideado con el fin de que los giros en curvas de ángulo recto o incluso, a la hora de afrontar la maniobra de aparcar o de circular en los tan temidos garajes/parkings de las superficies comerciales.
Este asistente, que Ford Motor Company comenzó a instalar desde 2015 en algunos de sus coches y que fue desarrollado en colaboración con el fabricante alemán TKAG, está alojado directamente en el interior del volante y utiliza un mecanismo de precisión formado por un motor eléctrico y un sistema de desmultiplicación que permite cambiar la relación de giro de las ruedas delanteras respecto al movimiento del volante.
En este caso, en lugar de tener una relación directa entre ambos elementos (volante y dirección), el sistema la ‘adapta’ a una relación optima dependiendo de la velocidad a la que en esos momentos se encuentra circulando el vehículo.
Cuando se circula despacio, cada maniobra requiere un menor giro de volante, mientras que, a mayor velocidad, por ejemplo, en vías rápidas como autopistas o autovías, el sistema vuelve a adaptarse a las condiciones de marcha y optimiza aún más la respuesta del volante, haciendo que la dirección de nuestro automóvil responda de forma más precisa y suave.